YERTA Y AJADA

Yerta y ajada la tierra
que fue seca al olvido.
Ni color, aire o ruido,
muerta, cual vida en guerra.

Así se encontró la huerta
al yo soñar dormido
mi ser grato y querido,
el de la mano yerta.

Pues cogió un gris matojo
de albahaca y plañió
del dolor que dolió
al verse a él por los ojos.

Fue una lágrima al suelo
que no vio. Se giró.
De espaldas a ella: “No,
hoy he perdido consuelo”.

La gota que se fue
tornó a blanca agua fluida
que pintó el campo en vida
cuando me desperté.

Dejó atrás sus recuerdos
al coger camino e irse.
Con sólo despedirse
ya estaría harto cuerdo.

Pero no dijo nada
y nadie le vio andar,
ni siquiera el gris mar,
las manzanas nubladas,

las nubes calurosas,
los astros complacientes,
las magníficas mentes,
las magníficas rosas.

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  • bernatxo

    Que bonito…